Eno no es un bote de sal de frutas

Todavía recuerdo cuando en Madrid alguien quería comprar una entrada para un concierto de Brian Eno cuando en realidad a quien quería ver era a Brian Adams. Pocos saben que fue el culpable del sonido pomposo de U2 que les llevó al estrellato, aunque para ello les obligase a tocar desnudos para la grabación de "Joshua Tree". Es inventor de la música ambiental, la que adoraba David Bowie y que también le llevó al estrellato en la trilogía de Berlín que ahora, en 2013, intenta recuperar. Os traigo aquí un famoso documental que habla de este artista para el que le sobran las posibilidades que ofrece un sintetizador, de las que se queda con una docena de ellas porque son las que recogen los sonidos que mas le gustan, probablemente las que se asemejan más a sonidos naturales. De todos sus discos el que menos entiendo y precisamente es el mas famoso es aquel que grabó con David Byrne basándose en un libro africano de fantasmas. Metían en las grabaciones sonidos de profetas musulmanes, de radiofrecuencias y de yo que se cosas que iban pillando de aquí y de allá. Desconcertante, pero bocata cardinale para los fans de este tipo de música experimental "avant gardé". A mí me gustaba el Ambient 4 porque recogía el sonido de unas ranas que solo existían en no se que isla porque realmente te transportaban a un paisaje lejano. Aquellos que no pudimos viajar mucho en la juventud por la escasez de recursos (Ojalá existiera el Follasmus) tuvimos que contentarnos con los viajes planetarios con Tangerine Dream y Eno. En mi memoria todavía está fresca la siesta que soliamos pegarnos los roadies del grupo lucense Acceso. Allí nos juntabamos groupies, músicos y seguidores escuchando aquel doble en directo que nos sacaba de aquel apestoso garaje próximo a la estación de autobuses (hoy bolera) cuando apenas tenía 14 años y empezaba a escuchar música. En fin, el transporte musical es la forma más fantástica del teletransporte antes de que los humanos descubran la máquina del tiempo.