Shanti, en el valle de Asón

Lo conocí este verano en el valle de Asón (Cantabria). Este adolescente vasco que desde hacía 6 años reside con sus padres y su hermana pequeña en una casona de este hermoso paraje se había comprado una super cámara de fotografía vendiendo boomerans y elementos de artesanía que él mismo confeccionaba. Su pasión por la fotografía le llevó a tener su propia página en blogger y actualmente en wordpress. Me asombró mucho cómo se relacionaba con su entorno. Si iba al río colcaba una gran maroma del puente para lanzarse al agua, o en el medio del bosque, improvisaba un columpio gigante desde un roble centenario para ver el valle en un movimiento que simulaba el lanzamiento al vacío. Tallaba con su navaja cada trozo de madera que veía que tenía alguna aplicación artística y tenía una mirada hacia lo que le rodeaba completamente distinta a la que tiene el común de los mortales. Se tiraba al suelo para que la humedad de la hierba tocara sus mejillas y se detenía en pequeños insectos que tú pisarías. Lo sorprendente es que tiene solo 14 años. Está matriculado en un centro californiano y envidio su buena educación "natural".
   Por cierto, estuve alojado en la casona del Liñero, en Regules, cerca de Ramales de la Victoria. Una casa con un escudo heráldico en el que se veía a un caballero decapitado y al lado otro con su cabeza en la mano. La casa daba miedo, pero luego no fue para tanto. Teníamos un vecino, Víctor, que parecía Barragán, y flipabas cómo llamaba a sus ovejas para que fueran al redil. Había otro personaje, Joaquín, que tenía un curioso museo etnográfico en Santayana: Era el bar del pueblo y su Diógenes interior le llevó a recolectar todo tipo de objetos, como cientos de libros de la escuela, pupitres, sellos, aperos, en fin, miles de cosas que estaban allí en aparente desorden, pero que el Guggenhein tendría para un par de exposiciones. Mucho friki en aquel rincón escondido de la España profunda, muy en consonancia con el presidente borracho que tuvo esa autonomía, el cual protagonizó la anécdota mas simpática de la Democracia al acudir a la Moncloa en taxi con latas de anchoas para Zp.